8/10/09
7/10/09
3/10/09
Hello Pamplona!

Cuando una marca tan potente como el legado de Bob Marley, The Wailers, hace acto de presencia en la nave de un polígono industrial cercano para regalarnos su estilo musical, hay que asistir sí o sí. No hay excusas. Así que los Aritzes, Sendoas, Sorbetes, Migueles, Manolos, Fermines y otros que antepusieron la pereza, el trabajo o vaya usted a saber qué coño al concierto, no tienen perdón de dios. Porque es historia viva de la música (el bajista, Family Man, es el único de la banda que tuvo el privilegio de tocar con Marley). Sólo por eso hay que acudir, como Eider, Javi, Marijo y mendas. Te guste o no. Aunque te quedes en una esquina sentado y bebiendo un Mangaroca con piña. O disputando un torneo de txupitos. O lidiando unos extraños vahídos desde el miércoles a base de Dogmatiles. Lo que sea. “Hay que estar ahí”. Como Induráin. Por algo el concierto era en su pueblo. Hace tan sólo una hora, cuatro cervezas con gas, dos gintonics y medio, y cuatro puritos Dux. Buen directo, buen ambiente, buenos temas. Mejor de lo que esperábamos, de verdad. Y más cuando a las 00:01 del 3 de octubre (¡ojo!) ha sonado el Redemption Song. Increíble. Como si Plutón, Saturno y la madre que parió a Marley se hubieran juntado para decidirlo. Para decidir que justo en ese minuto de entrada en los 31 años sonara ese temazo. Sincero. Elegante. Íntimo. Entonces, y sólo entonces, la tarifa pedo ha echado humo (miedo me da la factura del próximo mes). En fin, ustedes se lo han perdido. Y tengan en cuenta que no estamos hablando de movimientos rastafaris, marihuanas o iniciativas oenegenianas de salvamento de ballenas. No. Hablamos de música. De estilo. De diferenciación. Yo sé de unos que ya están planeando el próximo viaje a Jamaica. Ja' man, no problem.
2/10/09
1/10/09
29/9/09
El aprendiz

No soy quien para criticar a Luis Bassat (perdón, Señor Bassat), Dios me libre, pero como consumidor televisivo sí soy quien para hacer varios comentarios acerca del reality titulado “El Aprendiz”, que se estrenó el pasado lunes en La Sexta y que arbitraba dicho Señor, cuya fama publicitaria le precede.
1. Me guste o no, el programa engancha.
2. El formato es diferente, no como otros. Bassat 1 – Mejide 0.
3. ¿De qué circo han sacado a los participantes? Todos tienen (dicen tener) súper MBAs, súper dominio de idiomas, súper experiencias laborales en Proctor&Gambas, súper capacidad comunicativa, súper capacidad de gestión… pero luego no son capaces de vender unas putas aceitunas.
4. ¿Qué papel se supone que juega la secretaria-telefonista del Señor Bassat (¡oh, Señor!) en pleno siglo XXI? Sólo dijo una frase en todo el programa. Y la repitió 4 veces: “¿Señor Bassat? Sí. Pueden pasar”. Rompiendo estereotipos, sí Señor.
5. De los asesores del Señor Bassat, ¡oh, Señor!, no voy a hacer ningún comentario.
6. Esa estética de saturación azulesca en las cortinillas, imitando series televisivas del tipo Miami Vice, está muy vista.
7. ¿Alguien se fijó en la mesa de reuniones del señor Bassat? Vaya castañica…
8. Si el tal Juancho hubiera tenido un pelín de dignidad se tenía que haber despedido a sí mismo. La hiedra también trepa.



