Dicen de él que no es el mejor
espoc de la década, sino el mejor de las últimas décadas. No sé si los que lo dicen habrán tenido en cuenta su efectividad, que la tuvo, o si sólo se habrán basado en parámetros creativos y estéticos. Da igual. El hecho de armar 12 morteros de aire comprimido y disparar 250.000 bolas de goma por las cuestas de San Francisco, previo tapado de alcantarillas, ya merece un reconocimiento. Y si además cuentas con un crack de la producción como el danés Nicolai Fuglsig, ex fotógrafo en más de una guerra, para rodar y tratar las imágenes, todo es más fácil. Sólo falta ese cerebrito que inicie el proceso y diga
"oye, ¿por qué no tiramos bolas de colores a cholón para promocionar el nuevo modelo de televisión del cliente?". Y vender la idea. Ese cerebrito se llama Juan Cabral y trabaja en Fallon Londres. Superplas, superplas y superplas.